Los diezmeros jerteños.
L Los diezmeros arrendadores.
Motivaciones.
Tradición familiar, credenciales, referencias y garantías.
Un arrendador de un impuesto o tributo pretende obtener un
beneficio a cambio de su trabajo, y el riesgo que asume. Además, cuando entra
en competencia con otros interesados debe calcular muy bien los costos, gastos
y posibles beneficios. No parece que nadie, a su libre albedrío y a locas, se
aventure en una puja en la que puede perder tiempo, esfuerzo y dineros. Por
otro lado, en las pujas no se parte de cero. El obispado, cabildo y contadores
tenían una larga experiencia y pretendían obtener la cantidad mayor. Para eso
contaban con el sistema del sexteo y cuarteo. Una vez abiertos y publicitados
los diezmos por la comisión, el plazo empezaba a correr sólo desde que se
presentaba la primera postura en quien en principio se remataba. A partir de
esa fecha durante 20 días cualquier otro podía incrementar la oferta en un
sexteo, o sexta parte de lo ofertado por el primero. De esa forma, aunque el
arrendador aparentemente ofrece una cantidad menor que la inicial, en realidad
la está incrementando en una sexta parte, añadida al valor primero. Si se hace
una nueva postura, con el cuarteo se añade la cuarta parte del valor del
sexteo. Que normalmente se redondea ligeramente al alza.
El arrendador, consciente de todos estos vaivenes, tiene que
tener claro hasta dónde está dispuesto a pujar, y cuáles son sus posibilidades
de ganancias.
La figura del arrendador, según se desprende de los trabajos
de Andrés Requena Parra[1],
tiene un carácter de proximidad, local o productiva. Y, salvando la distancia
tanto geográfica como temporal, se confirma en el análisis pormenorizado de los
datos que estamos viendo.
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Aunque hay personas que aparecen con cierta
frecuencia no podemos afirmar que fueran rentistas que vivieran casi
exclusivamente de ello. Pero sí que había familias que tradicionalmente se
dedicaban a ello. Y posiblemente hicieran ciertas funciones de préstamo a otros
vecinos.
Para el periodo de diezmos de 1774 a 1837 de jerteños que
arriendan los de Jerte o de otras poblaciones nos encontramos ejemplos que lo
corroboran
Gregorio Sánchez y su mujer Antonia Carrón aparecen 10
veces.
Tomás González con diferentes mujeres o sólo llega a
aparecer 15 veces.
Antonio Buezas con su mujer María Prieto en 8 ocasiones.
Pedro Recio, tanto el padre, (mayor) como su hijo (menor),
se nombran junto con sus esposas María Delgado y María García hasta en 10
ocasiones.
Juan Durán y Magdalena Carrón otras 8 veces.
La familia Méndez, muy ligada en fechas anteriores a estas
al arriendo de diezmos, aparece con varios Francisco Méndez. Hasta en 14
ocasiones. Pero se trata de padre e hijo con diferentes esposas y fechas a lo
largo de estos años.
Otros como Diego López y Micaela Montero, con seis ocasiones
no se quedan cortos. Y contradice la norma obispal que los cargos públicos,
alcaldes, regidores, procuradores, escribanos, no podían optar al arriendo de
los diezmos. Diego López era alcalde ordinario y tiene dedicada la calle detrás
de la iglesia que sale a la carretera en dirección al mesón.
Alonso Cepeda, otras 6 veces, la mayoría con su mujer María
Gallego.
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Hay otras personas que se aventuran a obtener el
arrendamiento y tantean algunos años este mercado. Y la mejor manera de hacerlo
es en grupo, mancomunadamente. Se forma una especie de “sociedad” para este
fin. Muchas veces para minimizar el riesgo, otras para enfrentarse a arriendos
más solventes, sobre todo cuando desde el obispado se exigen unos avales que
tripliquen el valor del arriendo. Aparte de la solvencia del propio arrendador.
La cantidad de personas que forman parte de estas
asociaciones es muy dispar. Un caso concreto es el de Alonso Cepeda con Miguel
de la Vega (cura rector de la parroquial de Jerte)
Pero, aunque la mayoría está entre 4 y 8 personas, teniendo
en cuenta que suelen ser entre 2 y 4 matrimonios, hay casos que superan los 12
individuos. El caso máximo es de una sociedad de 19 personas.
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Casi se infiere que los arrendadores, sus
familiares o parientes, tienen propiedades en los pueblos arrendados o en
proximidades muy cercanas que les permite conocer de primera mano la situación
real de lo que pretenden arrendar. Una sospecha casi evidente es el de
matrimonios de distinta población que arriendan conjuntamente los diezmos de
menudos de dos o tres poblaciones. Lógicamente comparten climatología,
geografía, cultivos y modos de producción similares.
Un ejemplo de este caso es el de Rosa Zarza (de Jerte)
casada con Francisco Martín del Rio (del Puerto Castilla) que, después de la
Guerra de la Independencia, tanto actúan como vecinos de Jerte o del Puerto
Castilla. Él llega a ser alcalde de Jerte y en 1824 arriendan los diezmos de
menudos del pueblo serrano junto con varios Martin del Río, casi seguro que sus
hermanos. Lo que facilita el conocimiento y el control de los recursos
arrendados.
Otro ejemplo de colaboración asociativa entre vecinos de
diferentes pueblos es la de Tomás González (de Jerte) su mujer Natalia Luengo
(casi con toda seguridad natural de Tornavacas) que toman los diezmos de Jerte
en 1835 asociados con José Cuesta Yustas (vecino de Tornavacas) y arrendador frecuente
en la villa tornavaqueña.
El mismo caso es el de menudos de Tornavacas de 1774. Se
asocian Antonio Navarro (de Tornavacas) con Juan Durán y su mujer Magdalena
Carrón (de Jerte) y habituales diezmeros.
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La cercanía local y comarcal es evidente, como
se verá en los gráficos. Los arriendos que se hacen en nuestra comarca rara vez
salen fuera de ella. Y comarcas que, aunque próximas, pertenecían a
jurisdicciones distintas como la Tierra de El Barco de Ávila o la de la Tierra
de Béjar, apenas participan de estos arriendos. Una posibilidad real son las
condiciones ambientales y productivas diferentes con nuestro valle. Y que en
esas zonas actuaran otras personas foráneas en sus arriendos.
Sólo Puerto Castilla opta a los diezmos de Tornavacas o
Jerte en poquísimas ocasiones. Y como hemos visto antes con cierta relación de
vecindad.
Con La Vera pasa casi lo mismo en los pueblos de la cabecera
del valle.
Piornal y El Torno tienen características diferentes como se
verá más adelante en otra entrada.
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En muchos casos son productores ellos mismos de
los bienes que arriendan con lo que ganan posiciones en el mercado para
defender su propio producto.
Ya se ha comentado en otras muchas entradas que el
propietario medio de Jerte en esta época solía un tercio de su valor en uvas,
otro en castaña, y el resto en prados, huertas, aceitunas y frutas. La caída del
castañar a finales del XVIII hace que se incrementen los de uva y sembrados,
aumentando los diezmos de menudos por estos conceptos.
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Por último, y no menos importante, dada la
solvencia que tenían los arrendadores, hay una cuestión de posición social en
la comunidad local. No son los mayores productores ni los más potentados, pero
sí forman parte de esos “medianeros” con capital y propiedad suficiente. Y con
lazos familiares bien ramificados.
Los apellidos Montero, Gallego, Cepeda Carrón… de los
arrendadores así lo confirman. También con el listado de los Mayordomos de la
Iglesia. Cargo casi honorífico pero muy reputado entre familias asentadas. De
gran prestigio social.
Si quieres echar un vistazo esta es la entrada de
mayordomos.
https://jertememorias.blogspot.com/2024/05/listado-de-mayordomos-de-la-iglesia-de.html
[1] Requena
Parra, Andrés. “El mercado de rentas decimales y sus agentes. Arrendar el
diezmo del vino en el arzobispado de Sevilla a finales del siglo XV”.
Universidad de Málaga.
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