Rentas de la iglesia en el siglo XVII
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Veremos
aquí de dónde obtenía sus ingresos la parroquia de Jerte en el siglo XVII. Un
siglo con altibajos, y que sólo en el tercio final de siglo se nota un
repunte demográfico y económico que se pondrá de relieve en el 1699 con la
obtención de villa. |
Rentas de la iglesia.
Sobre las
rentas de la iglesia hemos de aclarar desde un principio, que al igual que
otras iglesias de pequeños lugares, las cuantías de sus entradas eran escasas,
y apenas si cubría los gastos generales que eran cuantiosos. Aquí vamos a
referir sólo algunas anotaciones. Un análisis más pormenorizado sobre las
cuentas de la parroquia se verá en el capítulo correspondiente al siglo XVIII.
De momento
anotemos que el grueso de los ingresos provenía de los siguientes conceptos:
1- Noveno de los tres diezmos, menudo,
castaña injerta y granos.
Dependía sobre todo del valor de sus arrendamientos. Sabemos de
arrendadores de Jerte y de pueblos vecinos de Tornavacas y Cabezuela sobre los
diferentes diezmos citados.
2- Sepulturas que se rompían [1] en la iglesia.
Según se enterraran en cada una de las cuatro partes en que se dividía la
iglesia, tenían que pagar una cantidad, que oscilaba entre los 15 reales de la
capilla mayor o parte situada junto al altar, hasta los 3 reales que valía
enterrarse debajo del coro o tribuna. Si el difunto era “cuerpo mayor”, y en
este concepto entraban niños a partir de los 7 u 8 años, se pagaba también, en
concepto de incienso, 14 maravedís.
[1] Es el
término empleado para abrir el nicho dentro de la parroquia. Mucho más
pormenorizado se verá en el apartado de defunciones.
3- Algunos censos y rentas de
memorias.
Conforme avanza el siglo, y especialmente en el siguiente, el incremento de
censos se hace más palpable, pero a la misma vez, el aumento del costo de la
vida, al tratarse de rentas fijas, actúa sobre el total paralizando el
progresivo aumento de su influencia social. Aquí no se incluyen las rentas
específicas, como son las de Ana Bernal o Catalina Jiménez. Nos han llegado
listas pormenorizadas de las personas que pagaban los censos a la iglesia, y
aunque son del siglo siguiente, algunos hacen referencia a los poseedores
anteriores de éstos. Otras cantidades, específicas de las Cofradías, no
pertenecían a la parroquia, estaban separadas y las administraban esas mismas
cofradías.
4- Rentas concretas de algunas mandas.
Tiene un carácter fijo anual y su origen es diverso:
·
200
maravedís de la memoria de Catalina Jiménez, que tiene que pagar su patrón.
Este pago fue mandado por los prelados de este obispado cada año por ocupación y
trabajo de guardar sus papeles en el archivo, tenerlos en orden y cuidar de su
conservación.
·
1 real del Vínculo de Juan González,
clérigo, por guardar su testamento y visitarlo [2] cada cinco años.
[2] Las
visitas son revisiones periódicas para el buen cumplimiento de lo ordenado en
el testamento. En el caso de las misas, se comprobaba que se habían dicho. En
el caso de gastos e ingresos, se revisaban las cuentas una por una y se
pormenorizaban cada uno de los pagos efectuados. El patrón de la memoria era
quien tenía que rendir cuenta. Lógicamente, por realizar estos trabajos, los
señores visitadores, o provisores, cobraban su dinero.
De la misma
forma, a nivel parroquial, el mayordomo debía presentar sus cuentas cada año.
·
50 reales de
la Capellanía de María de Heredia, para cera al monumento de Semana Santa.
Mandó quedase asegurado en la mejor finca de su hacienda.
·
50 reales de
Catalina de Heredia para cera al monumento. Y sis sobrase, se gaste y
distribuya por las ánimas del Purgatorio. Esta cantidad la pagan sus herederos.
La
documentación fragmentada no nos permite conocer con más detalle si existían
más rentas. Pensamos que sí, pero de poca cuantía como se ve aquí. Si bien es
cierto que quedan restos de los censos y sus hipotecas, no disponemos de todos
ellos.
5- Pero de
donde verdaderamente obtienen los ingresos para el mantenimiento de los
sacerdotes es en las misas que se realizan. Muchas de ellas están mandadas por
los difuntos en sus testamentos o por sus herederos. Incluso hay una presión,
sobre todo a finales del siglo y ya en el 1700 sobre los propios herederos o
testamentarios de los fallecidos, exigiendo, proclamando su solvencia
económica, una mayor implicación en las misas que tienen que decir por la
persona fallecida. Tenemos que saber que el cura y el sacristán cobraban por
cada misa de difunto.
6- Los
dineros de la parroquia se guardaba en un archivo, estaba gestionado por el
mayordomo y tesorero, cargo bianual entre las familias más reconocidas del
pueblo, que solían ejercer los cargos públicos relevantes: alcaldes ordinarios,
regidores, procuradores del común... Y al terminar su periodo de gestión debía
presentar las cuentas, normalmente entre febrero y marzo. Le tomaba las cuentas
el cura ante un notario apostólico (muchas veces era el propio escribano
público), con tres testigos de reconocido prestigio. El nombramiento del
mayordomo se hacía ante una comisión en la que estaban los cargos del
ayuntamiento que arriba he dicho.
Los dineros
que manejaba el mayordomo y obraban en su poder, cuando había una cantidad
significativa, se podía usar para hacer frente a gastos no ordinarios como el
arreglo del tejado o el asiento de una reja.
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